Pichichi, el más listo de la clase.

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El 1 de Abril de 1898, en Nueva York, nacía William James Sidis considerado como una de las personas más inteligentes de las que se tiene noticia. Tenía un coeficiente intelectual estimado de entre 250 y 300 cuando el común de los mortales tenemos entre 90 y 110. Entre otros logros, leía el New York Times con 18 meses de edad, con 16 años se graduó en medicina y a su muerte era capaz de hablar cerca de 17 idiomas a la perfección.

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Pero para Ricardo Zamora, el más listo de la clase era nuestro Rafael Moreno Aranzadi, “Pichichi”. El jugador rojiblanco era todo un símbolo. Mediana la estatura, fibroso, “Pichichi” no era fuerte. El temperamento, el nervio y sobre todo su inteligencia suplían a la capacidad física y resistían el agotado esfuerzo de noventa minutos de pelea endemoniada.

Según comentaba “El Divino” en sus memorias …

¿Cómo era posible tanta resistencia? ¿Cómo podía jugar al mismo tren desde el principio hasta el fin? “Pichichi” era un verdadero fenómeno. El más listo de la clase. Una mirada le bastaba para conocer el campo; luego, sin pensarlo, se movía por él como en su casa. “¡Eh, Cuidado; a la derecha, junto al córner, hay un bache!” “No te paso a ti porque por ese lado existe un desnivel que me desvía el pase.” “Al elegir el campo, decídete por el de la izquierda; es unos centímetros más corto el marco.”

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¿Era posible? ¿Cuándo había estado allí antes? Y sin embargo decía la verdad. Existían el bache y el desnivel, y la puerta, en efecto, bien mirada era más corta que la otra.

     – ¿Has venido por la mañana? ¿Ayer?

     – No, ahora con vosotros.

     – ¿Entonces?

     – Listo que soy – respondía y se echaba a reir.

Además pasaba maravillosamente, corría el balón como ninguno, apoyaba a los medios, bajaba a defender los córners y estaba ¡asombroso! allí donde hacía falta para el remate. Facilidad para disparar, fuerte y dirigido a distancia; empujando el balón, con picardía, a corto trecho. Ése era “Pichichi” … el más listo de la clase.

El rugby llegó a San Mames, hoy hace 90 años

(Alberto Bacigalupe, Periódico municipal de Bilbao – Febrero 2.006)

El rugby llegó a San Mames, hoy hace 90 años, como homenaje a “Pichichi”.

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Dicen que el rugby se inventó en Inglaterra, allá por 1823, y que su creador fue el estudiante William Webb Ellis, de la Rugby School. Por lo visto, el tal Willy era un tramposo natural, y en un partido de fútbol tosco y sin ninguna gracia, tomó el balón con las manos. Así, vulnerando el reglamento que arbitraba la práctica del balompié,  alumbró un nuevo deporte, hoy practicado en el mundo entero. A partir de esta circunstancia pudo nacer la célebre frase que asegura cómo el rugby es “un juego de truhanes practicado entre caballeros”.

A principios del siglo XX, en Bilbao se desconocía esta disciplina deportiva, al punto de que un diario, El Nerviónpublicaba lo que sigue el 21 de noviembre de 1902: “Hay que distinguir. Sí, hay que distinguir el Foot-Ball, llamado Rugbi, del conocido con el nombre de Foot-Ball Association. El primero de los dos sistemas de jugar, muy en boga esta, por cierto, entre muchos norteamericanos y algunos ingleses, es el que ofrece todos los peligros”.

Algunos años después, exactamente en mayo de 1924, diversos particulares y estamentos, cuyo nombre no consta, quisieron llevar a cabo un match de fútbol a beneficio de la viuda e hija del extraordinario “Pichichi” quien había muerto dos años antes. No pareció oportuno aceptar los ofrecimientos de Zamora y Samitier para intervenir en el evento, pues sus entrenamientos preolímpicos les mantenían lejos de la Villa. En cambio, era casi seguro que podrían reaparecer dos grandes figuras del fútbol vizcaíno: Travieso y Antón Allende. Además, se daba por hecho que Ibarreche, el ex “as” de los árbitros españoles se encargaría de dirigir el encuentro, “queriendo rendir de este modo su homenaje al gran compañero, Maestro del fútbol nacional”, como reseñaba la prensa diaria. Por diferentes causas, que hoy todavía siguen sin saberse, el partido no pudo celebrarse y quedó aplazado sine die para mejor ocasión, aunque la directiva del Athletic se ocupó de tomar diferentes acuerdos, también desconocidos a estas alturas, que hicieran menos penoso el aplazamiento. 

Y, lo que son las cosas, visto que organizar un partido de fútbol parecía una tarea imposible, se dispuso –tampoco podemos aclarar por parte de quíén– llevar a cabo, a beneficio de la familia del jugador, una “exhibición de Foot-Ball Rugby” en San Mamés, el domingo 25 de aquel mes a las cinco de la tarde. Contenderían dos potentes equipos vasco-franceses: la Association Sportiva de Bayona y el Stade Hendayais. La organización estableció para el caso unos precios razonables: General, 1,50 pesetas; Grada, 2; y Preferencia, 3

Por seguir el caritativo consejo de enseñar al que no sabe, La Gaceta del Norte publicaba el jueves previo al acontecimiento una “idea-resumen” de juego tan singular como ignorado, para guía y conocimiento del espectador, aunque, también se advertía, bastantes años atrás había tenido lugar un enfrentamiento de este tipo en Jolaseta. Así, el artículo indicaba las características que debía reunir el terreno de juego; la composición de los equipos; en qué consistía el desarrollo del lance; los tantos a conseguirse; y, en fin, suministraba toda la información necesaria para que el público siguiera las incidencias del partido con una cómoda satisfacción.

Llegado el día del acontecimiento, San Mamés registró una bonita entrada aquel domingo primaveral, seguro que por homenajear a Pichichi en las personas de su viuda e hija, y también, como consecuencia, para contribuir con su dinero a aliviar las estrecheces económicas sin cuento que éstas venían soportando. Se inició el encuentro con un manifiesto equilibrio entre ambos equipos contendientes. Las jugadas brillantes comenzaron a sucederse entre el contento del público, y eso que, según reseñaron los periódicos, “en el transcurso del match se vio gran suciedad y bastante salvajismo”… Al decir de los mismos, “el juego del rugby no puede encajar en el ambiente futbolístico vasco. El fútbol es noble, elegante, varonil; el rugby tiene mucho de brutal y poco de noble.

El público, desconocedor, casi en absoluto, de estas clases de luchas, mostró en un principio bastante interés en seguir el desarrollo de las jugadas; pero pronto se cansó y terminó aburriéndose y descorazonándose, máxime al enterarse de la derrota en Colombes por los italianos (partido que, dentro de los Juegos Olímpicos de París, la selección española con Larraza y Zamora había disputado en idéntica fecha a Italia. La cita, como se refiere, tenía lugar en Colombes, una población a media hora de ferrocarril desde la capital francesa). ¡Para que se adelanten juicios exagerados! ¡No te metas a profeta, Zamora, que fracasamos! Terminó el partido de rugby con el resultado de 21 puntos a favor del equipo de Bayona, por 12 que logró el equipo hendayés”. La crónica se cerraba con estas consideraciones: “Somos amantes, como ninguno, del fútbol; pero jamás creemos que pueda interesarnos el rugby. Y de nuestra opinión son la mayoría de los espectadores que acudieron ayer a San Mamés, llevados tan sólo del interés por cumplir un llamamiento tan noble y tan justo como era el de contribuir con su asistencia al beneficio de la familia de aquel gran jugador que nunca olvidaremos”.

Solamente en dos ocasiones más, el campo bilbaino ha vuelto a ser escenario de un encuentro con el balón ovalado como protagonista. La primera tuvo lugar en abril de 1948, cuando se jugaron aquí los cuartos de final del Campeonato de España entre el Club Deportivo de Bilbao y el SEU, de Madrid. En cuanto a la segunda, ocurrió el 11 de mayo de 1990, con motivo de un enfrentamiento amistoso entre las selecciones de Euskadi –en cuyas filas se encuadró el ya mítico jugador Sergi Blancoy de Cataluña.
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Ander Herrera, de casta le viene al galgo.

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El Acero Club de Olabeaga era un equipo de Bilbao de la década de los años veinte que nunca perdía su moral. Siempre hasta el último momento se creía capacitado para ganar cualquier encuentro. La codicia y el brío de sus jugadores eran las armas con las que jugaban en todos los campos de football. De gran moral, cultivaba como todos los equipos norteños (incluido el Athletic) la técnica del pase largo a las alas. Sus jugadores se preocupaban poco o nada del lucimiento personal. El regate era usado por ellos más que en el caso de no haber ningún compañero ventajosamente colocado. Con gran frecuencia prodigaban cambios de juego, oportunos y veloces, causantes del desquiciamiento de las líneas defensivas adversas.

Julián San Cristóbal Larrinaga, bisabuelo de Ander Herrera, jugó en sus filas desde sus inicios. Había sido partícipe junto a sus compañeros de conseguir el ascenso a la serie A de este equipo que jugaba en el campo de Chimbo-Ibarra. En pocos años desde su constitución habían conseguido subir hasta la primera categoría del Campeonato Regional donde disputaban sus partidos contra rivales de la entidad del Athletic-Club, Arenas, Erandio, Barakaldo y el Deportivo Alavés.

En ese camino de gloria, Julian San Cristobal quien tenía a “Pichichi” como héroe (jugaba en su mismo puesto), disfrutó de muchas tardes de gloria con el equipo de Olabeaga. Sus cuatro goles en Atotxa contra el Euskalduna en Marzo de 1925 (era un magnífico rematador de cabeza); el gol que contribuía a ganar a la SD Deusto en el partido de desempate para subir, tras varios intentos fallidos, a la serie A del campeonato regional de Bizkaia; la victoria en un partido amistoso contra el Athletic donde San Cristobal anotó un gol en el encuentro de inauguración del campo de Chimbo-Ibarra (que también jugó el Lehendakari Agirre, quien también metió un gol); el partido que jugó el Acero contra la Selección española; o aquel partido histórico del campeonato de la Serie A donde el Acero Club arrasó al Athletic-Club en el primer partido que jugaba Gregorio Blasco de portero con el equipo de Olabeaga proveniente del Arenas.

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Pero quizá el momento histórico más recordado fue cuando surcó la ría con la gabarra al proclamarse campeón del Campeonato español de la Serie B con el Acero Club. Sería la primera vez que la Gabarra llevaría a nuestros campeones, entre ellos el bisabuelo de Ander Herrera, como homenaje popular y festivo, hace ahora justo 80 años en 1924. Sería la primera vez que lo hiciera iniciando una tradición que ha llegado hasta nuestros días como todos sabéis.

Como anécdota, entre el numeroso público que estaba presente en la celebración, los ojos de un jovenzuelo de 15 años, Graciano San Cristobal Larrinaga, se clavaban en su hermano mayor orgulloso de lo conseguido. Años más tarde, Graciano (tio-bisabuelo de Ander Herrera), jugaría con su hermano en el Acero Club ocupando la banda izquierda siendo un extraordinario jugador rápido y goleador.

Juntos, uno de interior derecha y otro de extremo izquierda, en el Acero Club, jugarían contra lo más granado del futbol vizcaíno y alavés. Txomin Careaga, Robus, Yermo, Sesúmaga, Vallana, Jauregui, Lafuente, Blasco, Carmelo, Txirri II, Larrakoetxea, Quincoces, Ciriaco, Roberto Etxebarria, etc… la lista es interminable. Y no lo tenían que hacer mal porque a mediados de temporada el Acero consiguió colocarse en primera posición del Campeonato regional por delante del Arenas, Athletic y Deportivo Alavés.

Al finalizar la temporada 1927-1928, Graciano San Cristobal Larrinaga, fue fichado por el Athletic-Club como en años anteriores había pasado con otros jugadores del Acero Club como Blasco, Izpizua, Calero, Ayarza o Castaños. Así fue como el tío-bisabuelo del Ander Herrera llegó a jugar en el Club de San Mamés días antes de cumplir 19 años. Su carrera de rojiblanco fue cortada por una lesión de tibia y peroné (9 partidos y 1 gol) pero consiguió alinearse en el primer partido que disputó el Athletic en la histórica primera Liga (1928-1929). En aquel partido histórico en Atotxa la alineación que presentó el Athletic fue Blasco; Larrakoetxea, Juanin; Garizurieta, Legarreta, Roberto; Lafuente, Bergaretxe, Unamuno I, Calero (también proveniente del Acero) y Graciano. El resultado final fue empate a uno.

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Máximo Royo, entrenador del Athletic-Club, le alineó los primeros siete partidos de liga disputados por el Club rojiblanco en su historia donde se consiguieron grandes resultados como un 9-0 al Español y un 5-1 al Barcelona en San Mames, o un 0-4 en Santander contra el Racing. Después la inoportuna lesión y la aparición de un crack como Guillermo Gorostiza “Bala Roja” le impidieron seguir en la disciplina rojiblanca.

En la temporada 1930-1931, se despediría del fútbol en tercera división jugando con el excepcional equipo del Barakaldo CF junto a jugadores históricos del fútbol vasco como el portero Joaquin Urquiaga y el defensa Serafín Aedo quienes jugarían años después en el Betis Campeón de Liga (1934-1935) y quienes acabarían sus días de futbolistas en México exiliados por la guerra civil. Serafín Aedo formaría junto a Pedro Areso y Pablito Barcos la magnífica defensa de la Euskal Selekzioa en la gira mundial del combinado vasco en la guerra civil y que se le denominó “la muralla vasca”.  Joaquín Urquiaga, llegó a jugar en el Barcelona, exiliándose en México en la guerra civil, llegando a jugar un partido con la Euskal Selekzioa en el partido de despedida del Equipo Euzkadi que participó en la liga mexicana hace ahora 75 años. De los dos hablaremos en este blog sin duda alguna.

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Kepa Areso, Joaquin Urquiaga y Serafin Aedo.

Ander Herrera, De casta le viene al galgo.

Un “filipino” que llegó a jugar con el Athletic-Club.

Del Athletic-Club de antaño, cuando la delantera la formaban cinco jugadores, hubo tres de ellas que los aficionados las conocían de memoria. La de la finales del cuarenta y principios del cincuenta con Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gainza; la de los años treinta formada por Lafuente, Iraragorri, Bata, Txirri y Gorostiza; y la de finales de los años veinte con Germán, Laca, Travieso, Carmelo y Acedo.

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Pocos años antes de ésta última, en la temporada 1920-1921, la delantera la formaban el no menos famoso quinteto atacante formado por Germán, Pichichi, Allende, Laca y Acedo que conseguirían arrasar en cuantas competiciones participaron (Copa regional y del rey) junto a nombres míticos como los hermanos Belaustegigoitia, Hurtado, Sabino y el portero Rivero entre otros, de la mano del entrenador inglés Mr. Barnes.

En el campeonato regional, el Athletic-Club que ya había ganado dicho campeonato ante los equipos Arenas Club, SD Deusto, Erandio y el Racing de Santander, estaba imbatido y se disponía a jugar el último partido contra el equipo del Deusto. Ante las bajas del ala derecha atacante rojiblanco (Germán y Pichichi), el entrenador inglés presentó una delantera inédita hasta ese momento que contenía entre sus filas a un jugador “asiático”, concretamente nacido en Manila (Filipinas), llamado Marcelino Galatas. La delantera, aquel 20 de febrero de 1921, la formarían Acedo, Laca, Allende, Galatas y Txirri I. El resultado final del partido fue de 3 a 1 a favor del Deusto, que finalmente sería el único partido que perderían los rojiblancos esa temporada, no cediendo ni un solo empate en toda la temporada.

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Marcelino “Chelín” Galatas Rentería, nació en el seno de una familia de origen vasco, en filipinas en 1903 cuando este país ya no era colonia española. En su juventud tras completar estudios primarios y secundarios se orientó hacia el estudio de la carrera de ingeniería industrial, que comenzó a cursar en Bilbao donde empezaría a jugar al football como cualquier joven de la villa.

Las bajas de Germán y Pichichi, quien disputaba su última temporada en el Athletic, obligaron al equipo de San Mames de echar mano del joven “filipino” que ofrecieron jugar con los leones en un partido oficial. Según parece este jugador ya había debutado con el equipo rojiblanco en algún partido amistoso sustituyendo a Laca según relataría años después en una entrevista.

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Durante los dos siguientes años (temporadas 1921-23) juega para la SD Deusto, con jugadores como Urdagarin, Cortadi, Orué, Bilbao, Erice o Urquizu entre otros, equipo ligado al ambiente universitario vizcaíno, con el que disputa la máxima categoría del campeonato regional vizcaíno. En Junio de 1923, la Real Sociedad le invita a jugar una serie de partidos con ellos, como el torneo internacional de pascua donde jugó contra equipos de la talla del Sevilla, el Sampierdarenea italiano o el histórico equipo belga del Unión St Gilloise donde deslumbra a los aficionados con su calidad. Pero es el partido de la Real contra el equipo inglés del Birminghan donde los gipuzcoanos se dan cuenta de su verdadera calidad. El “asiático” hizo un partido magistral con una Real reforzada por las importantes bajas que contaba con jugadores como Travieso del Athletic entre otras incorporaciones del Esperanza y del Real Unión.

Galatas jugaría con el equipo donostiarra durante cuatro temporadas (1923-1927) después de que aceptaran sus tres asombrosas condiciones: cobrar lo mismo que Ricardo Zamora, que entrenaría cuando él quisiera y que le vinieran a buscar a Bilbao (no abandonaría el botxo por motivos de estudios) en un coche descapotable.

Finalizaría su etapa futbolística en el Athletico de Madrid en la temporada 1927-28 aunque anteriormente ya jugaba con el equipo madrileño también por motivos de estudios mientras jugaba en la Real. En 1927 llegó a jugar un partido con la selección española donde también debutaban dos vizcaínos, Ramón Lafuente y Pachuco Prats (jugador del Real Murcia nacido en Portugalete).

Una vez colgadas las botas trabajó de ingeniero industrial, primero en su País natal, Filipinas, y después en España. Según cuentan las crónicas, se convirtió en un fanático seguidor de la selección española que junto a otro Realista, Fernando Larrañaga, y al segundo marido de Sara Montiel, el empresario vasco José Vicente Ramírez Olalla “Chente”, no se perdían ningún partido de la roja.

Murío en Benalmádena, Málaga, el 8 de abril de 1994 con 91 años de edad. Su hija Mari Cruz escribió un libro, “Con Chelín Galatas todavía”, que trata sobre Marcelino Galatas.

Para finalizar esta curiosa anécdota, decimos que Galatas fue el primer asiático que jugó con el Athletic-Club porque no ha sido el único. Después de la guerra civil, un futbolista nacido en la isla de Goa, Filipinas, llamado Ignacio Larrauri Larrauri, disputó cuatro encuentros (uno de Copa y tres de liga) con el Athletic. También jugó con el Indautxu en segunda división.

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No habrá dos sin tres???